19 de mayo de 2012

Europa, España y el acecho de las moscas




Uno se acuerda de los burros cuando el verano está tan a la vista. Estación de calor, temporada de insectos; y a todo hijo de vecino le gustaría disponer de una piel que se arrugara a conciencia, como la de los burros, y así ser más fácil espantar la pegajosa presencia de moscas. Pero no a todo el mundo le gustaría ser cualquier tipo de bestia. El muestrario es amplio. El escritor romano Lucio Apuleyo, por ejemplo, relató por capítulos la historia de un ‘asno de oro’. Apuleyo, originario de una región que hoy forma parte de Argelia, dejó escrito en ‘Las Metamorfosis’ un retrato de la condición humana en la que la tragedia es superada por la sátira y la solemnidad, por la impertinencia. Y lo hace convirtiendo, por obra de un hechizo, a un hombre hacendado en un burro afanoso que observa y entiende la realidad como una persona. Lo único es que no habla, rebuzna, interpretándose así una rotunda moraleja.

‘Las Metamorfosis’ de Apuleyo han quedado para la posteridad con el nombre de ‘El asno de oro’. Así lo difundió otra figura de la Roma clásica, San Agustín, también ‘argelino’ de nacimiento. ¡Ah, la sentimentalidad africana! Probablemente resulte provocador, con la que está cayendo en Europa, plantear divagaciones aquí sobre el vórtice africano y no concentrarse uno en la re-crisis griega o en el terremoto continental, por mucho que Apuleyo estableciera el precedente de la novela picaresca explorada en las letras españolas. O que a San Agustín, el otro africano, le sea adjudicado una aportación capital de Platón al cristianismo. De África y de Europa, con España de mamporrero, disertó Unamuno largo tiempo, de cuya cópula, pura esencia celtíbera, le cupo preguntarse “¿por qué no ser africano como lo fue San Agustín?”, respondiéndose a sí mismo en una dialéctica entre “lo europeo moderno o lo africano antiguo”.

Tan fértil fue aquel apareamiento que al pensador salmantino acabaría costándole la desafección intelectual de un joven Ortega y Gasset. Durante la disputa, de la que se cumple este año un centenario, Unamuno defendió ‘la españolización de Europa’, justo lo contrario que Ortega. Don Miguel frente a don José. El primero, desengañado de la mística académica y de la fe ciega en la ciencia –los aires de Europa, los lodos de España–  acabó renegando de lo que reporta el método racional ensayo-error a la sabiduría. A simple vista, de aquel disenso salió airoso Ortega: la europeización de España, hoy, es una evidencia sensible. Basta con atinar el oído en el Ministerio de Hacienda y  pararse a escuchar el acento bávaro que desprende. En cualquier caso, no anduvo Unamuno del todo desencaminado cuando, al reparar en el cientifismo de aquella Europa tecnócrata, dejó escrito el célebre “¡que inventen ellos!” Los alemanes tienen a Kant y los españoles, a Cervantes. Al parecer, se trata de una cuestión de humores, de temperamentos. Los españoles espantan las moscas como un burro y los alemanes las eliminan, aunque sea a cañonazos.


 * Publicado en Diez Segundos, dominical de El Faro de Ceuta

15 de mayo de 2012

La crónica costumbrista descubre la pólvora




Los acontecimientos se suceden a tal velocidad que habrá gente sin saber que ya han abierto la playa y su repertorio de temporada. El calor se ha presentado sin avisar en una sentida oda a la exageración, ese pecado tan español. Claro que, estando las cosas como están, abordar la fenomenología meteorológica mediterránea o el singular uso de la razón mediante la rimbombancia podría ser tachado de frívolo. Nada de eso, naturalmente, tiene relación alguna con la exageración, nada como ese gesto rimbombante que supone encadenar tal número de portadas a cinco columnas desde que dio inicio el proceso de reformas. En los últimos días han sido Bankia, la enésima reestructuración financiera o el incumplimiento del déficit para 2013. Esos han sido los atracones más recientes de información a grandes titulares. Con esta sucesión de acontecimientos, se hace difícil encontrar piezas costumbristas en los periódicos, sea la crianza de la perdiz moruna o el cultivo de un jardín, que es como quería Voltaire.

La cosa está seria, aunque siga desconociéndose todavía el grado de seriedad real. Los medios de comunicación internacionales, al referirse a las cuentas de España, constatan la plena intemperie, con su frío y su vendaval, fenómenos meteorológicos que nada tiene que ver con la evasión de la crónica costumbrista. No hay otra. Vista la gravedad de los hechos, la costumbre o el chiste han dejado de figurar en las letras impresas, que son cosa de tiempos felices, de periodos de vacío informativo. O quizá no tanto. El otro día, sin ir más lejos, un amigo jubilado me pedía consejo para rellenar su ingente cantidad de tiempo libre. Y lo decía con una cara de desesperación, como solo lo hace la fatiga vital. “Descubra usted la pólvora”, le dije. Pero si la pólvora está ya descubierta. “Pues eso, descúbrala usted también”, contesté aludiendo a esa gente dedicada al descubrimiento de la pólvora mediante el ingenio y la ocurrencia.

La ancha sonrisa es la exageración del político, el pecado más rimbombante de la demagogia. La política está llamada a resolver el problema del ciudadano, aunque los elementos sean a veces obstáculos como ladrillos. En ese caso acuden al descubrimiento de la pólvora, si el entuerto es llevadero, o al silencio más opaco, si lo que amenaza es la tormenta. Ah, los elementos. Ah, la meteorología, dirían aquellos que ejercen la crítica contra el periodismo de costumbres. Realismo pues: las ocurrencias del Gobierno son tratadas como cuestiones de fe. “Ya se comprobarán los resultados”, manifestaba el ministro de Educación, José Ignacio Wert. “El tiempo nos dará la razón”. Sin duda, los actuales son momentos de titulares de portada a cinco columnas. De realismo informativo. Distinto es el tratamiento con el que se escribirá el anuncio de la luz al final del túnel, sea la de la salida o la que atestigua que, efectivamente, el tren se acerca de frente.


* Publicado en Diez Segundos, suplemento dominical de El Faro de Ceuta

7 de mayo de 2012

La libertad de prensa y el fin del mundo


Justo en eso consiste la aberración: asumir que la democracia se limita a votar cada cuatro años. “La esencia democrática está en que los ciudadanos controlen la gestión de la sociedad”, sostiene Joaquín Urías, letrado del Tribunal Constitucional. “El conocimiento de los problemas sociales y las soluciones propuestas por la Administración, el acceso a la gestión diaria de los representantes o el grado de cumplimiento del programa político”, sólo así, afirma este también profesor de Derecho Constitucional en su manual ‘Lecciones de derecho de la información’, se garantiza la toma de “una decisión electoral consecuente y realista”. Y esa es la labor encomendada a la prensa. 

De la centralidad del periodismo en la construcción del actual Estado social y democrático de derecho habla el lugar preponderante que en las respectivas constituciones ocupa la libertad de expresión y el derecho de información (a informar –los periodistas– y a estar informados –los ciudadanos–). Otra cosa es que la industria periodística esté en crisis. (Como todo, pero con más intensidad y desde hace más tiempo.) Es el fin del mundo, temen algunos que saben de sobra que el oficio del periodismo, como el de la democracia, ha de ejercerse cada día, y no tiene nada que ver con salir en la foto o verse caminar representando la estatua de sí mismo. El jueves pasado, como es sabido, se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Entre las consignas hubo de todo y desde numerosos tonos, como es menester en una profesión obligada al pluralismo y a la duda. En el primer plano, cómo no, estuvo la ética periodística.

Nadie sabe los motivos, pero los ciudadanos consumen cada vez menos información. Al menos, del modo en que lo había hecho hasta el momento. Es el fin de un modelo, el fin de un mundo y, si no, pregunten a los centenares de periodistas que amenazados o que pierden la vida cada año. “El Estado debe garantizar que se distribuya suficiente información, que sea suficientemente plural y que llegue a las suficientes personas”, sostiene el letrado Urías al referirse a la formación de la “opinión pública”. Un sector de periodistas, durante las concentraciones profesionales del jueves, dirigió sus protestas a los gobiernos. Otros, más imaginativos, instaban a los editores a una adecuación a los tiempos que corren. (Y los editores, como era de esperar, andan como locos solicitando cursos de formación por correspondencia.)     

No hay duda de que algún día se acabará el mundo. Será en un mes, en un siglo o dentro de mil millones de siglos; pero un día se acabará el mundo. Y, si el mundo pudiera acabarse dejando como superviviente a uno de sus sabios, este sabio, desde la Luna, Marte, en una nave o donde estuviere, emitiría un comunicado al universo muy semejante al que Luis XVI dejó escrito la noche en que París iniciaba el asalto a la Bastilla. “Nada”. Y, como ahora, entonces más verosímilmente, nadie estará allí para atenderlo. “¿A qué hora lo ponen? ¿Cuándo salgo en la tele?” La mayoría estará en el vórtice de ese fin del mundo más pendiente de aparecer en la foto que de saber qué sucede o por qué. Esos son los tiempos.

Publicado en Diez Segundos, suplemento dominical de El Faro de Ceuta


29 de abril de 2012

De la utopía al mejor de los fracasos


Lo importante es ir fracasando cada vez mejor. Es lo que concluyó Samuel Beckett al tomar conciencia del fracaso del lenguaje, lo cual, lejos de ser la finalización, sostenía el escritor, ha de significar el incentivo para comenzar. “Siempre fracasé. No importa. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”, escribió el artista irlandés. El del lenguaje resulta el fracaso fundamental de la condición humana. De él emana el resto. La política, qué menos, forma parte de ese enjundioso resto de evidentes fracasos repetidos una y otra vez a lo largo de la historia. Y, en el horizonte, ciertas utopías haciendo de zanahoria. Ah, qué sería el mundo sin esos utopistas que manipulan el despertador con tal de demorar la persecución del sueño.

No resulta casual mencionar en un solo párrafo fracaso, humanidad, política y utopía. Solo hay que asomarse al balcón o salir a la calle y volver a encontrarlos juntos en un mismo y omnipresente párrafo sensorial. (Ah, la primavera.) Claro que lo fundamental debería continuar siendo intentar equivocarse mejor. Y los datos macroeconómicos solo apuntan a que un nuevo fracaso, el de la utopía neoliberal, se ha puesto ya en marcha. Austeridad y crecimiento son dos conceptos antitéticos para casi la unanimidad de la ortodoxia científica, también para la evidencia sensorial, pero no para la Unión Europea. Los expertos lo achacan a una draconiana corriente antiinflacionista centrifugada desde Alemania, que exporta la asunción de una suerte de pecado original. Hasta ahora.

Desechadas ya por ciertas, utopías como el socialismo, comunismo o anarquismo, por mencionar reconocidos y recientes relatos, han dado paso al actual neoliberalismo rampante, una cierta utopía que arroja señales de fracaso. La zanahoria del déficit cero suena a duermevela, pero eso es solo en el papel: la calle desprende derrotas en forma de recortes y, cómo no, de pecados originales. La penitencia –austeridad, ajustes, eficiencia, ahorro– no encuentra cielo ya que la oiga. Dios, la estadística y el mercado, está sordo, chochea y defiende la eutanasia. Fracaso completo. Lo importante ahora consiste en fracasar bien, recomendaría Beckett, fracasar mejor.

Ah, la crisis, dice la gente en la calle. Ah, la primavera, responde al unísono la bancada política europea. El problema llega cuando algún gestor de lo público, a su manera, fantasea y menciona lo del fracaso mejor. “El hada de la confianza ha muerto en Europa”, escribió el viernes el economista Paul Krugman. Ese suceso luctuoso, la desconfianza en la utopía, solo sucede cuando la primavera anuncia fracaso. El escenario económico, escribió el economista en The New York Times, es que “las medidas de austeridad no están funcionando y la mala noticia es que no se prevé un cambio de rumbo pronto”. Se espera a Godott: Europa discute el mejor de los fracasos.


* Publicado en Diez Segundos, dominical de El Faro de Ceuta


16 de abril de 2012

Las ensoñaciones de un salmón

Por extraño que parezca, esos tales mercados son también personas que se ríen con sus hijos, duermen, se despiertan acompañados, se asean, aman a los animales y es probable que incluso alguno, también, se deleite con la música de Wagner. Esos mercados que se dedican a la compra y venta de bienes etéreos necesitan estar informados de los lugares más favorables donde invertir o revertirlo. Y para eso, para obtener la información, no leen ‘El Faro’. Pero tampoco acuden a El País o La Vanguardia, por citar dos diarios de referencia en España. Los mercaderes, en cambio, atienden la prensa especializada, apretada en hojas serias y mayormente de color salmón. Financial Times o The Wall Street Journal son dos conocidos.

Ir a contracorriente es parte del proceso biológico del salmón, como iba la crítica del Parlamento español ante las exigencias del límite deficitario impuesto por Alemania y su satelitazgo. En cambio, ahora no es solo España la que proclama clemencia al rigorismo germano. El jueves, The New York Times publicó un editorial en el que afeaba la política económica de la zona euro. Los recortes, venía a decir el diario, se podrían evitar “si la señora Merkel reconociera que el restablecimiento de la competitividad del sur de Europa requiere más inversión en las reforma y menos obsesión por una aritmética del déficit a corto plazo”.

Algunas personas que conforman los mercados también leen The New York Times, otro de los serios. El viernes, un día después de la publicación del editorial en el periódico neoyorquino (An Overdose of Pain in Spain), las bolsas europeas se dieron un batacazo al unísono. La prensa internacional no ha podido evadirse de esta realidad rampante, la que cumple escrupulosamente este cíclico vaivén causado por los intereses de la deuda vendida. Esta semana de amenazas de rescates y de advertencias de gobiernos tecnócratas estuvo culminada por el expresidente Felipe González, refiriéndose a las reformas, a la que comparó con una carrera de galgos con un reclamo tramposo. Más reformas, más exigencias; un bucle.

Los recintos se abarrotan cada vez que se anuncia una intervención de González. Con los años, la estampa del expresidente está ganando parecido con la de un senador romano, circunscripción Bética o Tingitana, dotado de una hercúlea malla encefálica. Al hombre le preguntan de todo y a él le encanta quedar como un salmón que dice lo que piensa, a contracorriente. La imagen que inspira ahora Felipe González recuerda a la de un jefe de Estado (un soñado Azaña redivivo). Su voz suele ser atendida cuando el ruido se generaliza. El otro día, tras un argumento sencillo, lo volvió a hacer: “Que no habrá rescate. Ya. Punto”. En apenas siete segundos dijo lo que querían oír todos los españoles que ven también al rey en la Nochebuena y que, al día siguiente, se despiertan acompañados, desayunan y hasta ríen con sus hijos.


* Publicado en Diez Segundos, dominical de El Faro

18 de febrero de 2012

Marque una cruz en la casilla de la subversión

En los manuales de historia del arte, Antoni Tàpies figurará como el pintor que enunció el expresionismo abstracto de un país en ruinas, la España de la inmediata posguerra. “El drama, el sufrimiento y todas las crueles fantasías de los de mi generación parecían estar escritas en las paredes de la ciudad”. El diario estadounidense The New York Times recogió en su edición del 8 de febrero las declaraciones del pintor barcelonés a un crítico de arte. “Mis trabajos tienen algo de los grafitis callejeros y de un universo de protesta reprimida, clandestina pero llena de vida, que se veía en las tapias de mi país”.

La catástrofe no deja de acompañar a quien tenga ojos para advertirla. Pasadas las penurias materiales del primer franquismo, Tàpies siguió observando el horror en las paredes, en las ventanas y en las puertas de las ciudades. Y las marcó a todas con cruces, con ocasionales letras y cifras que, multiplicadas, daban como resultado la suciedad de la calle. Cuerdas, trapos, polvo, cartón o cadenas. Y un trazo grueso a menudo salpicado. El arte de Tàpies se asemejaba al paisaje de de la urbe. Basura, dirían algunos. ‘El espíritu de la materia’ fue el título que escogió
Le Monde en el obituario dedicado al artista catalán el pasado 9 de febrero.

Aprobada hace dos viernes, la reforma laboral se somete hoy al juicio de la calle. El decreto ley despierta sensaciones contrapuestas entre los observadores de la cosa pública: ‘basura’ de los unos frente al ‘espíritu de la materia’ de los otros. Como en la obra de Tápies, la ciudad emitirá hoy un veredicto del estado de la catástrofe social. Quienes se oponen a la medida creen que únicamente traerá más paro en una asíntota al infinito. Quienes la defienden admiten que 2012 será aún más ruinoso. Dada la situación de la crisis, sostienen los defensores, es necesaria la agresividad de las cuerdas, los trapos, el polvo, el cartón y las cadenas. Es la expresión más vanguardista del Boletín Oficial del Estado, el grafiti de la legislación.

La muerte de Tápies ha venido a coincidir con el centenario del nacimiento de Jackson Pollock, referente de aquel seminal expresionismo abstracto. Al contrario que el catalán, el artista estadounidense ejerció el exhibicionismo. Mientras Tàpies perseguía tener algo que transmitir –“si no puedo cambiar el mundo, al menos me gustaría cambiar la forma en la que el mundo lo mira”–, el americano tuvo querencia por una guisa de ‘agitprop’ megalómano.

Cuentan las crónicas que durante una fiesta en la casa de los Guggenheim, Pollock, en la cúspide de su celebridad, apareció borracho y desnudo como el tanino. Tras sortear a varios invitados, miembros todos de la ‘intelligentsia’ neoyorquina, se acercó a la chimenea y meó sobre el fuego hasta apagarlo. A algo parecido llaman hoy los sindicatos en la calle. El pulso de la movilización, sin huelgas generales, consiste en medir quién mea más lejos. El sindicalismo prevé un horizonte de injusticia, precariedad y subvención escasa. “Marque una cruz en la casilla de la subversión”.

* Publicado en 10Segundos, dominical de El Faro de Ceuta

14 de febrero de 2012

Garzón y el día en que el mundo se preguntó por qué

Cuando en 1998 el dictador Pinochet permaneció bajo arresto domiciliario en Londres, el mundo entero presenció el (re)nacimiento de un astro. Tras 30 años de meteórica carrera, “el juez Garzón ha perdido su estrella”, citaba el diario italiano Il Corriere della Sera en su edición del jueves. Un día antes, el magistrado de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón era inhabilitado por el Tribunal Supremo a causa de un delito de prevaricación en el caso Gürtel, un hecho ampliamente reseñado en la prensa internacional. El periódico italiano resumió así el modus operandi de Garzón: “i diritti umani non hanno confine giurisdizionale” (“los derechos humanos no tienen límites jurisdiccionales”).

Causa estupor entre la clase plumilla de fuera que el juez que se ha dedicado a perseguir los regímenes totalitarios haya sido acusado precisamente de llevar a cabo “prácticas propias de un régimen totalitario”. El franquismo y sus crímenes fue uno de ellos, investigación por la que ha sido también juzgado y de la que aún resta veredicto. Es esta causa, no tanto las otras dos, la que centra los comentarios en la prensa extranjera. Un día antes de la sentencia condenatoria, Le Monde publicó un extenso reportaje, ‘Les victimes du franquisme se succèdent à la barre pour défendre le juge Garzon’, en el que refería testimonios de varios familiares de las víctimas durante el juicio y daba voz a un miembro de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica.

'Veredicto escalofriante en España' (A chilling verdict in Spain), tituló en un editorial el viernes The New York Times, en unas líneas en las que defendía con fervor al magistrado. Aparte de la condena, la preocupación del periódico neoyorquino se centra en saber “qué magistrados investigarán ahora causas políticamente sensibles”. Para concluir, en un ejercicio de insólita audacia periodística, los norteamericanos ponen en duda el sistema jurídico español: “La injusticia cometida sencillamente demuestra que España todavía necesita ayuda para mantener una judicatura no temerosa e independiente”.

La condena al juez Garzón ha intensificado la maquinaria informativa en España. El caudal de informaciones, reacciones, análisis, hagiografías, críticas y consignas ha debido marcar picos históricos en el sismógrafo social, lo que habla del historial del personaje, de la tendencia al ruido en los medios y del vértigo entrópico en las redes sociales. Los conformes con la sentencia empuñan el riguroso cumplimiento de la ley. Los disconformes blanden más allá de los argumentos jurídicos. Muchos se plantean una pregunta que aún cuelga en suspense: ¿Ha sido el juez objeto de persecución? ¿Por qué ahora cuando, sostienen los expertos, Garzón siempre se caracterizó por instruir en los límites de la ley? Cabría preguntarse pues, ¿cuánto de arbitraria es la Justicia en las más altas instancias? ¿Qué cantidad de impunidad necesita mantener oculto un Estado de Derecho para su supervivencia? Porque, Garzón, como apuntaban sus astros, habría seguido haciéndose preguntas sin atender a ningún tipo de jurisdicción.

11 de diciembre de 2011

Fátima y la definición de la crisis

“Verás ahora si veo”. Fátima se pone las gafas, moja con saliva el cabo del hilo y lo ensarta en la aguja. Se sienta un momento antes de que la lavadora termine y habla con ella misma mientras cose los calcetines de sus hijos, pensando en alto, ajena a la presencia del periodista. A Fatima le hace ilusión que la llamen emprendedora. Su empresa es una bien ambiciosa: crear un diccionario dariya-dariya. ‘La María Moliner de Ceuta’, decían en los medios.

En cerca de tres meses ha acumulado 891 definiciones. De ‘aguja’ dice que todavía no tiene una ficha, pero sí de ‘calcetín’: a saber, prenda de hilo o de lana que sirve para proteger y abrigar el pie y parte de la pierna. “A María Moliner la conocí gracias a un diccionario que había en el museo. Me gustó mucho la idea de hacer un diccionario así”. Fátima ha estado trabajando como asistenta de documentación en el Archivo Intermedio Militar, pero terminó ya el contrato del Plan de Empleo. Ahora se dedica a su propia empresa: definir la variedad del árabe de esta zona norteafricana, como hizo durante 15 años María Moliner con el castellano.

Hoy es el día de la Constitución y sus hijos están en casa viendo la televisión. El mayor, de 10 años, le propone definir la palabra ‘puente’ como día festivo. El periódico británico The Guardian lo hizo el miércoles: “Es el día, dos días (o tres días) extras que toman los españoles entre fechas festivas”. –Puente– Fátima anota en un papel que hay en la caja donde guarda los hilos y los alfileres. “Así no se olvida”, dice mientras vuelve a coger la aguja y enfundarse el dedal.

Fátima reconoce que le queda mucho. Un mundo. En un cajón tiene las palabras definidas y en otro, las pendientes. “En ese otro tengo las dudosas”, entre otras, algunas que ha oído últimamente con frecuencia: ‘crisis’, ‘austeridad’ o ‘cumbre’. De la previa del pasado Consejo Europeo escribió Gilles Tremlett en The Guardian: “Puede que queden cuatro días para salvar el euro y dos de ellos son vacaciones en España. Mientras, en Bruselas, alguien define el futuro del sur de Europa”.

Aunque ya tenía la ficha de ‘futuro’, Fátima prefiere añadirla a la lista de palabras para revisar y alega que los significados también cambian con el tiempo. En los años de la Gran Depresión, el banquero y secretario del Tesoro norteamericano Andrew Mellon clamó por “la liquidación de las granjas, de los créditos y del trabajo”, publicaba The New Yorker sobre la crisis de la deuda europea. “La austeridad purgará la podredumbre del sistema –podía leerse en la revista neoyorquina citando al banquero y comparando su actitud con la del Banco Central Europeo–. La gente trabajará más duro y vivirá con rectitud y moral”. Fátima busca el lugar donde guardó la ficha de ‘moral’, pero antes toma una nota urgente, ‘bucle’, que ha quedado escrito en el primer trozo de papel que ha tenido a mano.

* Publicado en el 10 segundos, suplemento dominical de El Faro de Ceuta

4 de diciembre de 2011

Bruegel y un invierno desde la altura



Al hablar de España, los medios internacionales no tratan últimamente más que índices, bonos, deudas, primas y riesgo, asuntos que no deben parar de deprimir a las tribus de lectores mundiales. La buena noticia no es noticia, presume el tópico periodístico. Si la economía es una cuestión de confianza y de optimismo, España practica resueltamente la antieconomía.

Cada vez se imprimen más reportajes de desastres naturales con la Unión Europea como protagonista, haciendo de sujeto, verbo y de predicado. El último apareció publicado el pasado jueves en el Financial Times. El drama del Titanic servía de simpático símil con España figurando de plañidera. Humor inglés, ¡cling!, libra esterlina. Mientras persiste el silencio de los gobernantes españoles, en funciones o electo, lo que podría ser debido al estupor o a la ambigüedad, un ejercicio matemático de reducción al absurdo.

Las matemáticas son la economía de la pintura. Un eje de ordenadas y uno de abscisas. Da Vinci fue la geometría y Bruegel, antigeometría. El uno persiguió la línea y al otro la persiguió oblicua. Bruegel el Viejo pintaba desde arriba y eso le permitía divisar paisajes y adivinar aglomeraciones, convirtiéndose en un pionero de los dos géneros. El punto de vista del pintor holandés, dicen los estudiosos, estaba en el aire, flotando, a saltos, como un gorrión.

Claro que desde el aire se pueden ver muchas cosas y eso es lo que le pasa a la pintura de Bruegel: pasan muchas cosas en sus cuadros. En realidad, pasa todo, como pasa en España en algunos huecos de la prensa foránea. The New York Times y Il Corriere della Sera han publicado sendos reportajes en los que se hablaba de la última polémica sobre Franco, cuyos restos han sido conminados a cambiar su ubicación del Valle de los Caídos. España, vista desde el aire, a saltos, es el paisaje de una aglomeración antigeométrica, oblicua, enterrada en el fango, escupiéndose a sí misma creyéndose que es a la otra.

Nadie sabe con exactitud dónde nació Bruegel. Tampoco habló demasiado durante la vida. Al menos no apenas registros. El hombre se limitó a entrever desde la altura y ver pasar los paisajes, que es como se medían antiguamente las estaciones y el tiempo. Los silencios de Rajoy ya se han hecho mundialmente conocidos, pesados como el paso de las estaciones. Tiempo ha tenido para haber pensado un hola, qué tal, empezamos por aquí y luego allí, por si no sale. Había prisas, decían. Y algo habrá que ir haciendo. Así lo demanda el ciudadano, la prensa y hasta los mercados.

“Era un hombre tranquilo, sabio y discreto, pero en compañía era divertido y le gustaba asustar a la gente o sus aprendices con historias de fantasmas y cientos de otras diabluras”. Son las palabras de Karel van Mander, pintor e historiador coetáneo del pintor, las únicas que lo describen algo. Los rasgos inciertos de Bruegel son similares a los de la última manía del presidente, en funciones o electo. Por ahora, prefieren que sean otros los que hablen, que son los que están en el aire, dando saltos. Observar la obra de Bruegel depara una sensación de intrigante mofa. Pero, ¿de qué? ¿De la aglomeración, del paisaje, de la altura?

* Publicado en 10 segundos, suplemento dominical de El Faro de Ceuta

28 de noviembre de 2011

La decadencia de Europa pierde elegancia

“A quien realmente necesitaría España es a Margaret Thatcher”. De nada han servido los conjuros de la prensa británica: la población votante eligió a Angela Merkel, ganando así Rajoy su mayoría absoluta. La transmigración de las figuras, aseguran los expertos, es cuestión de afinidad ideológica. Pero, aunque lo intente, el próximo presidente del Gobierno nunca podrá ser Thatcher. Principalmente, porque la canciller alemana calza tres números más que la ‘mano de hierro’ y porque todavía no son años de plomo ni de sindicalismo sulfúrico.

Como es habitual, pintan bastos desde la prensa vecina. El periódico británico The Observer publicó el domingo de las elecciones un reportaje que retrataba la población gaditana de Benalup, “la de mayor desempleo en España”. El cuadro del pueblo gaditano es redondo como un soneto: “El parque automovilístico es de Audis y BMW, hay cientos de viviendas sin vender y Cáritas multiplica los panes y la pena”. La tabla de la salvación, dicta el dogma, está en la Selva Negra, el corazón de Alemania, que es la que corta la madera, quita las astillas, las vuelve a colocar y vende la tabla a quien se agarre con menos vaivén: “La política germana castiga a los países que han pecado de despilfarro”, decía el rotativo inglés.

Durante la semana, las elecciones españolas no han llegado a seducir a la prensa internacional como sí lo ha hecho la Europa en crisis. El foco es Alemania, dueña y señora del dominó. Una ficha cae tras otra y el seis doble ha quedado ‘ahorcado’ en alguna caja registradora. La centralidad de Alemania, sin la legitimación del sufragio, es cada vez menos geométrica, un juego propio de este despotismo benevolente en que se ha convertido la política continental. Mientras, los opinadores de la prensa económica observan a España. Más que un recorte del cinturón, lo que asoma es una camisa de fuerza, la constatación de la elegante decadencia europea.

No es tiempo para la lírica, sostienen algunos a quienes nadie se molesta ya en contradecir. Por no levantar la voz no lo hacen ni los mayores. The Times los señaló el viernes como los posibles sostenedores del futuro crecimiento español. “Para rescatar la economía, en Italia han confiado en Supermario; en España confían en las superabuelas”, publicó el periódico británico. Mientras papá y mamá ocupan la jornada en el trabajo o en buscarlo, los abuelos cuidan a los nietos, sin opción al pataleo y “aunque a algunos les cueste la salud”.

Justo en el instante en que la naturaleza sugiere descanso, el abuelo carga con una responsabilidad añadida a la de recibir el paso del tiempo. Escasa elegancia la de esta reciente decadencia en la que los ancianos se ven obligados a decir como aquel soldado de ‘La chaqueta metálica’: “El mundo es una basura, pero estamos vivos”. Menos mal que los nietos no dicen todavía nada.


· Publicado en 10 segundos, suplemento dominical de El Faro de Ceuta

20 de noviembre de 2011

La generación perdida frente a las urnas

La llaman la generación perdida. “Esos jóvenes con motocicletas en las plazas de los pueblos españoles –escribían el viernes en ‘The Guardian’– no es que estén conviviendo a la manera mediterránea. Son una representación de esa casi mitad de la población de jóvenes, desempleados, que no tienen otra cosa que hacer”. Y la llaman perdida como podrían haberla denominado generación insomne, por decir algo. Los expertos prevén que muchos de ellos, sin sueños que soñar, se abstengan hoy de votar y prefieran quedarse en casa, o en la plaza del pueblo, pensando en el comienzo de una carta sin final: Querido paraíso…

Quien encontrará por fin su paraíso será Mariano Rajoy. El recuento de los votos de esta noche no ha necesitado ningún tipo de carta o explicación. “La crisis de la deuda está engullendo a los primeros ministros de los países de la zona euro. En España, la oposición optó hace tiempo por dejar que la fruta cayera sola”, podía leerse el jueves en ‘The Times’. “Siempre que Bruselas no exija un gobierno de tecnócratas, como en Grecia o Italia”, apostillaba el diario británico. Del equipo de gobierno del candidato popular los hay que especulan con la posibilidad de uno de concentración. Todo el mundo ha podido leerlo en la crónica económica de la semana: se encendió la alarma y la situación reclama una acción inmediata.

La llamada generación perdida no sabe de urgencias. Por eso pasan las horas muertas en las plazas de los pueblos ofreciendo a los turistas británicos un escenario costumbrista de cartón piedra. Ese fue el mismo escenario que describieron varios escritores norteamericanos en el periodo de entreguerras. “Ustedes son la generación perdida”, le espetó la mecenas Gertrude Stein a Hemingway, dirigiéndose a él y a los Faulkner, Pound o F. S. Fitzgerald del momento. Desde aquel bautizo de Stein, una millonaria que nunca tuvo otra cosa mejor que hacer, Estados Unidos sigue buscando la gran novela americana.

De la versión nacional de generación perdida puede esperarse uno cualquier cosa, que es lo que ocurre cuando no hay que soñar, creer o perder. Quién sabe si alguno acabe retratando a un millonario actual que sirva de mecenas, como hizo Picasso con Gertrude Stein en el vaporoso París de entonces. Y si unos buscan la gran novela americana, en España anda tratándose de encontrar al gran millonario español. Y al gran político. Pero ninguno se ha registrado como cabezas de lista en las elecciones.

Gertrude Stein ha devenido en icono de aquellos tiempos de magna crisis y frenesí. Picasso le pintó un célebre retrato al que le siguió también una célebre anécdota: “Pablo, yo no me parezco en nada a la mujer del cuadro”, le dijo la millonaria. “Tranquila”, le contestó el pintor malagueño, “ya te parecerás”. Mientras permanecen en casa, o dan color a las plazas de los pueblos, ajenos a las elecciones de hoy, la generación perdida española, a falta de mecenas, pinta ya sin disimulo el retrato de un país. “Pero España no se parece a eso”, levantará alguno la voz.

* Publicado en suplemento dominicial de El Faro de Ceuta

13 de noviembre de 2011

Lección de economía en dos y una noches (mal contadas)

El ‘Financial Times’ británico hace referencia a una viñeta publicada en ‘El Mundo’: un señor le pregunta a una señora después de ver el debate que quién cree que ha ganado. “Angela Merkel”, responde ella. Hay quien le afea a la prensa anglosajona su tendencia a ver el vaso español medio vacío. Ni ultraliberales ni neoconservadores, no, los charcos del déficit o los canalones de la prima de riesgo son a causa del pesimismo de la prensa salmón, el color del pez de la contracorriente.

Por lo visto, no solo es la prensa económica extranjera. Una cantidad creciente de ciudadanos cree que la burbuja se ha derramado en un charco del tamaño de un canal. “La banca española –publicó el ‘Financial Times’– necesita decenas de miles de millones, extremo no admitido aún por organismos reguladores o funcionarios”.

Pues nada: ni salmones ni Átlánticos ni canales de la Mancha. Aquí hace ya meses que se obedece el dictado económico de la canciller Merkel, algo que provoca el escándalo en unos y la sonrisa ajena en otros. Será difícil, decía el candidato Rajoy, pero España nunca se rinde. “Excepto, ya lo verá el propio Rajoy, cuando se enfrente a ella en una cumbre europea”, escribió Victor Mallet en la de edición del miércoles del ‘Financial Times’. El archiguarreteado debate televisivo ha sido objeto de análisis en la prensa europea: ¡Y no hablaron de economía!, se sorprendió el corresponsal británico.

Como todo el mundo sabe, la economía no es precisamente la especialidad de los dos candidatos. Entre los dos deben sumar cuatro y una noches malamente contadas. Hay más coincidencias entre Rubalcaba y Rajoy. Son conocidas, pero la prensa internacional las ha vuelto a mencionar durante la semana. Son barbudos. Más: “Han sido mucho tiempo los ‘número dos’ de sus partidos”, publicó el domingo pasado ‘The New York Times’. Y otro: son los dos primeros candidatos a la presidencia que rebasan ampliamente la cuarentena.

El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti dejó dicho que todos los hombres no extraordinarios están ya desmoronándose después de los cuarenta: “Es el comienzo del fin”. Así lo citó el domingo Jonathan Blitzer en el rotativo neoyorquino. La democracia española envejece y se hace conservadora. Nada de aquellos jóvenes candidatos que eran capaces de prometer transiciones cada cuatro años. Ahora no. Son mayores y tampoco extraordinarios.

Las viejas promesas dan en hueso al dirigirse al joven, que los ve como eternas promesas barbadas. “La partitocracia actual proviene de la necesidad de crear partidos entre los primeros gérmenes políticos del franquismo”, declaró Javier Cercas en ‘The New York Times’. “De ahí que crearan fuertes sistemas de partidos durante la Transición”. En aquellos años era un sí o un no. Ahora se ha acentuado el rancio dilema de siempre: el ‘huno o el hotro’.

Los economistas, esos cerebros privilegiados, no se limitan a los dilemas sino que conciben trilemas. “Angela Merkel”, responden los expertos de la calculadora cuando le preguntan por el dilema Rajoy-Rubalcaba. La ciencia y el interés privado interpretan las cifras, desvirgándole la exactitud. El número como medio, no como fin, hace mucho que se decantó por Merkel.


* Publicado en el suplemento dominical de El Faro de Ceuta

6 de noviembre de 2011

El referendo, ese clásico capricho

Dicen los entendidos que clásico es todo aquello que deviene universal en el tiempo y en el espacio. Para el mundo entero, el Quijote es el gran clásico español. Don Juan es otro personaje que despierta interés en todo el planeta y lo hace desde hace mucho más tiempo que Nadal, Ferran Adrià o Camarón, tres personas populares sin la categoría aún de personajes. Hay un clásico español, sin embargo, que aúna al mismo tiempo persona y personaje: Francisco de Goya.

Ni el pintor zaragozano ha dejado de estar de moda ni lo ha hecho su obra. El periódico estadounidense ‘The New York Times’ publicó el domingo pasado una reseña sobre ‘Los caprichos’, una serie de aguafuertes satíricos del autor español expuesta en Roslyn Harbor, Nueva York. “Una de las ventajas de la historia del arte es que proporciona un sentido de la perspectiva. Si crees que la situación está mal con la crisis financiera, las guerras y los desastres naturales –escribía Martha Schwendener en el rotativo neoyorquino–, mire la España de finales del XVIII y principios del XIX”.

Las visiones de Goya han servido de símil y de inspiración desde que fueron públicas. Ahora es un clásico, como lo son los desastres naturales, las guerras o las crisis financieras. O como ha sido el capítulo de Grecia durante la semana que hoy termina, suceso que algunos no saben todavía si definirlo como crisis, desastre o directamente guerra. Las publicaciones internacionales han tratado largamente el particular griego durante los últimos días: la repentina convocatoria y desconvocatoria de un referendo que habría decidido aceptar o rechazar el gobierno ‘extranjero’ de finanzas.

Son unos asuntos caprichosos los referendos. La lámina 43 de ‘Los caprichos’ de Goya es su ‘Sueño 1º’, más conocido por su otro nombre, ‘El sueño de la razón produce monstruos’, guiño del artista a los acontecimientos históricos que lo rodearon y cuyos espíritus perviven en una especie de ‘zeitgeist’ contemporáneo. En Francia, en los tiempos de aquel grabado, la revolución había sido un lobo para la revolución, en nombre, claro, de la diosa Razón. En aquella España, los ilustrados se iban haciendo con el poder y Goya, convencido espíritu ilustrado hasta reciente, se había caído del caballo en un charco de sordera, locura y oscuridad. Lo llamarían Romanticismo más tarde.

Al Romanticismo, sostienen los teóricos de la cosa, le había precedido el Neoclasicismo, periodo en que la Grecia clásica había vuelto a servir de faro. A la Grecia actual, en cambio, no le quedan faros. Tampoco le quedan sus antepasados, los griegos clásicos de la razón y la democracia. Algunos dicen que la nuestra es la menos mala de las democracias, pues las hay numerosas. Alemania, Francia, Europa, EEUU, el mundo financiero al completo, lo ha vuelto a subrayar esta semana, por si quedaba todavía algún despistado. El caprichoso presidente griego, Giorgos Papandreu, se puso a soñar un rato y, miren por dónde, empezó a ver a griegos en las urnas, felices y sonrientes, votando y poniendo unas caras como de ausentes. Todo un clásico.


* Publicado en el suplemento dominical de El Faro de Ceuta

10 de octubre de 2011

¿Sueñan los Poceros con ciudades vacías?

En España sobran casas y falta gente. Cada vez más. Las verdades del barquero son las maldades del Pocero, ese constructor que un año antes de lo de la crisis manifestó que tenía “en la cabeza hacer una ciudad de un millón de viviendas”. El tal Francisco Hernando, Paco el Pocero, símbolo de ese magno timo conocido como ‘burbuja inmobilia’, hizo una fortuna a base de ladrillo. Uno tras otro. Y ahora falta gente. Y seguirá faltando. Medio millón menos en los próximos diez años, según el pronóstico del Instituto Nacional de Estadística (INE) para la población española en 2020.

El tal Pocero es un hombre de imaginación. Tenía el hombre en la cabeza construir un millón de viviendas, así lo soñó en una entrevista en 2007, y a España se le irá medio millón de personas en diez años. Esa escena de barrios estrenados y casi vacíos se verá más a menudo en un futuro cercano a poco que las previsiones del instituto público de estadística estén en lo cierto. “Los vecinos de Seseña se levantan y se acuestan sin luz en las farolas”, narra el ‘Washington Post’ al describir “la desolación de uno de esos pueblos fantasmas españoles resultado de la nebulosa de la construcción”.

La pérdida de población, con todo, no vaciará solo las casas sino los aeropuertos, las vías de tren y las autopistas. La fantasía del Pocero se ha revelado tan caprichosa como para que el periódico británico ‘The Guardian’ publicara el pasado miércoles un reportaje sobre las novedosas oportunidades de sol en España. “El aeropuerto de Castellón, inaugurado en marzo, ha pospuesto a abril de 2012 la recepción de su primer vuelo comercial”. Y añade el rotativo inglés: “La estación del AVE de Guadalajara recientemente puesta en marcha tiene un flujo de 60 viajeros diarios”. Sol español, gestión a la española.

Que España pierda habitantes, algo que ocurrió por última vez en el lustro de la Guerra Civil, obligará no solo a rediseñar el sistema de pensiones. Menos gente, más casas, menos impuestos, más ancianos, menos ingresos, más deuda, menos créditos, más parálisis, menos gente. Etcétera. Y menos sueños de Pocero. Que vaya las cosas que se le pasan a uno por la cabeza a un año de lo de la crisis.

Para imaginación, la de los candidatos a las elecciones. Los legisladores sí que son cabezas. Porque mientras los políticos se aferran a las verdades del barquero y a las mentiras de Malthus, el crecimiento vegetativo enrojece números y previsiones de crecimiento. Pero no hay partido político principal, en cambio, que se declare hereje de la lógica del negocio de la construcción. el diputado Arias Cañete aseguró recientemente que tendrán que licitarse entre 150.000 y 250.000 viviendas al año. A ese ritmo, en 2020 habrá más del millón de casas vacías y medio millón de habitantes menos. La única solución, la propuesta escondida de los candidatos, la amnistía general. Así habrá menos casas vacías. Y las ciudades serán más bulliciosas que fantasmas.

* Publicado en el suplemento dominical de El Faro de Ceuta

3 de octubre de 2011

Toros, fútbol y panderetas (versión redux)

La historia de la copia, de la falsificación, es la propia historia del género humano, sostienen algunos expertos en la materia. El fenómeno cultural, dicen, se fundamenta en la reproducción de la realidad heredada. Otra copia que añadir a la repetición de la repetición de la repetición en que consiste la historia. Los matices acaban siendo los restos con los que malviven los microhistoriadores: forzados de la ruta, héroes del asfalto del archivo. La historia gruesa, la realidad copiada e institucionalizada, pertenece a los medios de comunicación de masas, como es natural.

Para explicar la realidad de España, los corresponsales extranjeros recurren a veces a copiar y reproducir una realidad que a muchos podría parecer fuera de lugar. Lo de toros, fútbol y pandereta huele a viejo. De los toros lleva hablando la prensa inglesa desde el verano. El filón es ahora ‘Ratón’, el astado “asesino”, el toro que suma una cuenta de tres corneados hasta la muerte. El morbo puede con los ingleses. El periódico ‘The Times’ aprovecha la ocasión para hacer una elegía al animal –al parecer, cuenta Graham Kelly, tiene una entrada en Wikipedia y más de 2.000 amigos en facebook- y termina hablando de la mitología que encierra la tauromaquia –una cosa de la sangre mediterránea, viene a decir­­-.

La historia la cuentan quienes la imaginan. Es la trascripción de una realidad recordada. Otra copia, memoria falsificada. Cabría el símil de un cuadro de Magritte pintado por un falsificador que supera en técnica al autor, aunque falte a la verdad institucionalizada. Lo narra Orson Welles en su película ‘F for Fake’, en que cuenta la historia de un biógrafo que no lo es realmente. El falsificador de Magritte, que quizá tampoco lo sea, es el objeto biografiado en ese seminal ejercicio de no ficción. La otra probable falsificación es la reproducción norteamericana de nuestra siguiente insignia cultural: el fútbol.

El ‘USA Today’ publicó el miércoles un reportaje en el que hablaba del claroscuro del fútbol español: la supremacía del Barcelona y del Real Madrid y la ruina, prácticamente, de los cuarenta clubes restantes. El rotativo estadounidense, que fue el primero del mundo en publicar fotos en color –por esa obsesión de aparentar que la copia no lo es tanto-, compara la situación del fútbol español con las crecientes desigualdades sociales en los EEUU. “La respuesta a si puede existir una liga de dos equipos es fácil: no”, dice el rotativo. “¿Y una sociedad?”, se pregunta el autor. “Si solo pueden ganar los que están arriba, ¿qué sentido tiene jugar?”

Claro que la prensa internacional no habla solamente de toros y de fútbol. La economía española es la pandereta actual de los anglosajones en la reproducción de la España castiza. En sus viajes iniciáticos por nuestro país, dicen que los románticos se embriagaron de pandereta. Pero aquellas visiones, recuerdos o copias de los extranjeros gustaron a España y esta las reprodujo hasta el amaneramiento. Hasta la falsificación. Ahora es el rotundo orgullo de mostrarle al planeta los dos equipazos de fútbol, la picaresca quevedesca o el pandereteo playero. Ya llegará el día, cuando les dé por ahí, en que los corresponsales se pararán a falsificar la historia de un bioquímico emprendedor o de un economista citado. La obra maestra.


* Publicado en el dominical de El Faro de Ceuta

25 de septiembre de 2011

La mentira piadosa y la media verdad

Decir que la mentira es ausencia de verdad sería tan poco cierto como defender que el silencio es ausencia de sonido. Mentiras las hay de muchos tipos. Solo las medias verdades llegan a citarse tanto como las mentiras piadosas. También hay mentiras paternalistas, mentiras desleales y mentiras cochinas. Hay bellas mentiras, mentiras impostoras, edificantes y traviesas. Y están los embustes. Y las mentiras desalmadas, que son las ausentes de sonido.

En España, la mentira acepta tantos adjetivos como la nieve en Groenlandia. ‘The New York Times’, por su parte, le niega calificativos a una historia titulada “El lío de la banca española”, donde José María Roldán, director general del Banco de España, es protagonista tras el análisis vertido a los medios sobre el estado de la banca nacional. Sí. Los bancos. La banca. La crisis. La coyuntura. Y la crisis económica que acabará siendo un género periodístico en sí misma.

Las páginas del ‘The New York Times’ han desvelado una mentira sostenida por el dirigente del Banco de España y luego, meses después, la comisión de una verdad inapropiada. En febrero Roldán dijo que los precios de las viviendas repuntarían más pronto que tarde. Esta semana, lleno de realidad, el director del Banco de España se desahogó voceando que la banca española está nutriéndose de crédito indeseable, un hecho considerado de insólito por el rotativo estadounidense. ¿Qué tipo de mentira fue la de aquel febrero? ¿Y es solo ingenuidad esto último?

La historia de ‘The New York Times’ finalizó con una celebración, la de que Roldán no acabara denigrando a los mercados, como ha estado haciendo otra parte de la dirigencia europea. “La próxima vez que el señor Roldán pronuncie que lo peor ya ha pasado será más fácil de creer”, escribió el periódico, santo y seña de esa temprana lección neoyorquina consistente en el ‘te mentiré y te diré que te quiero’ de ‘Johny Guitar’.

De ficciones y de películas de vaqueros bien saben los candidatos en tiempo de campaña. En Francia los políticos tienen la costumbre de mentir diciendo verdades, que es algo así como más francés, más vanguardista y sofisticado. Cierto perfil del político francés actual resulta de la combinación de De Gaulle y Houellebecq. El leviatán que nunca cierra la boca. A eso que el partido socialista busca candidato para las elecciones de 2012. Uno de ellos, Arnaud Montebourg, manifestó en el transcurso de un mitin en la localidad de Besançon que “España no pasará el invierno”, es decir, que Europa no tiene dinero para evitar la caída de España.

A la nueva izquierda francesa del siglo XXI le queda de divina lo que a la mentira le resta de verdad. Lo del socialismo galo no aparenta jacobinismo de campaña electoral. “Para intentar poner remedio a los problemas actuales, Arnaud Montebourg preconizó una desmundialización y un proteccionismo asumido”, decía la nota de la agencia de prensa francesa. Para el socialista aspirante a candidato Montebourg, todo esto de la Europa comunitaria no está siendo más que una mentira piadosa. Y el último medio siglo de historia, menos que una media verdad.


* Publicado en el dominical de El Faro de Ceuta

11 de septiembre de 2011

Suicidio y censura, libertad y mito

Escribe Juan Villoro en el diario mexicano ‘El Norte’: “El 18 de septiembre de 1932 la actriz Peg Entwistle se tiró al vacío desde el letrero de Hollywood. La novela ‘L.A. Confidential’, de James Ellroy, transcurre en ese periodo, el lento desplome de una mitología. Sesenta y nueve años después del suicidio de Entwistle, los sobrevivientes del impacto inicial a las Torres Gemelas subieron a la azotea y supieron que la estructura no resistiría. Algunos decidieron lanzarse al vacío como un último acto de libertad, para ser dueños de su muerte. La actriz cuestionó el alcance de la fábrica de sueños. La barbarie del 11 de septiembre del 2001 acabó con la idea que teníamos del cielo”.

Fue una de las imágenes más trágicas de aquella fecha marcada a fuego y polvo en los ojos de la humanidad. Una guerra en directo, como le habría gustado a Marinetti, el suicidio hecho espectáculo, como le apasionaría al televidente. Diez años después, aquel pedazo de historia contemporánea sigue escribiéndose cada día por los testigos del 11-S. Igualmente, si hubieran retransmitido el atentado al archiduque Francisco Fernando de Austria, detonante de la Primera Guerra Mundial, habría televidentes que apostarían por que los caballos habían sido envenenados por una facción judía y masónica. O que realmente fue un montaje y que el archiduque cometió un clamoroso suicidio.

Aquel suicidio de las Torres Gemelas tuvo algo de contagioso. ¿Quién no hubiera hecho lo mismo o al menos llegó a pensarlo? Pero el suicidio tiene mala prensa. Después de aquel día, el diario ‘The New York Times’ no volvió a publicar nunca más la foto del suicida. Y los libros de estilo de los medios de España censuran tácitamente desde casi siempre la publicación de casos de suicidios, por una especie de miedo a alentar a los indecisos. Como si el lector, que dejó escrito Julio Camba, necesitara el estímulo de la noticia para matarse. Censurar solo sirve para reprimir las pasiones humanas (y vender menos periódicos, naturalmente).

La imagen de aquel hombre eligiendo su muerte desde una de las Torres Gemelas recuerda a esa comentada estampa de los agentes de bolsa saltando de las azoteas de Manhattan tras el crac del 29. Antes de que lo hagan los mercados, me mato yo. El suicidio tiene una cierta aura de rebeldía. De cobardía, dirían otros. Es la virtud cantada por el poeta. O el mal rezado por el pecado. En eso consiste el secreto de su atracción: el acto del suicidio, y el de su contemplación, contiene varios fundamentos del homo sapiens: el canto, la voz y el individuo; el pecado, Dios y la sociedad.

No es de extrañar que la imagen de aquel hombre en el aire sea uno de los iconos del 11-S. Así continúa Villoro en ‘El Norte’: “A los 24 años, Peg Entwistle se lanzó desde el letrero de Hollywood que justificaba su oficio. Su muerte no desmitificó a la industria. Ese gesto individual pasó al olvido. El ataque a las Torres Gemelas tenía un cometido simbólico más grave: aniquilar la mitología de Nueva York. Esta vez, el suicidio fue un acto de resistencia. En la azotea, algunos no quisieron ser víctimas: fueron pájaros y volaron para negar a sus verdugos”.

22 de abril de 2011

Fundidos (34): Barça-Madrid, fiel reflejo de España

Barcelona y Real Madrid fueron los clubes deportivos mejor pagados del mundo en la temporada 2009-10, según un estudio realizado por Nick Harris para sportintelligence.com y reseñado en The Guardian.

Con un salario promedio a cada jugador de 7,9 y 7,4 millones de dólares, Barcelona y Real Madrid han superado a The Yankees, el equipo profesional de béisbol de Nueva York (6,8 millones de dólares paga de media). Los Angeles Lakers, Orlando Magic y Chelsea, por su parte, ocupan la cuarta, quinta y sexta plaza respectivamente.

Sin embargo, anota Harris, un nuevo reglamento de la UEFA truncará esta tendencia al alza salarial de los equipos de fútbol en Europa. El reglamento de la UEFA, cuya entrada en vigor está prevista para la próxima temporada, no permitirá a los clubes gastar más de lo que ingresan al año.

De ser riguroso, este dato no haría sino atestiguar que el clásico futbolístico viene a representar la esencia de España, llamada a la bipolaridad y al déficit, es decir, a la confrontación entre los (h)unos y (h)otros y a la unión (!?) si es el derroche el asunto en juego.

9 de abril de 2011

Fundidos (33): Los fantasmas económicos

Consumado los rescates a Grecia, Irlanda y Portugal, queda solo España frente a sus fantasmas económicos. España, sin embargo, está empeñado en demostrar que no hay razones para estar considerada país PIGS –Portugal, Ireland, Greece, Spain-. Las predicciones de los analistas han sido pésimas. Pero son esos mismos expertos, los mismos medios de comunicación, quienes aseguran ahora que España no es Portugal, que España no es Irlanda. Ni que tampoco es Grecia.

La reciente caída de Portugal está generando en la prensa una nueva oleada de comentarios. ¿Será España el próximo? Sin unanimidad, los expertos apuestan por que España no necesitará acudir al fondo de ayuda europeo. Eso sí, siempre que el Gobierno siga obedeciendo el dictado de los mercados, quienes, se asegura, están observando de cerca las evoluciones de la economía española y sus reformas.

Eleonora Gailisha ha publicado en la agencia de noticias ENP un sesudo análisis comparativo acerca del comportamiento de las economías de Alemania, Francia y España en la última década. Los resultados están resumidos en una serie de preguntas y respuestas finales, detalladas a continuación. Las conclusiones de esta economista pueden servir de breviario sobre el sentir extranjero respecto a la economía española.

Pregunta: ¿Afronta España problemas serios en su economía, causados principalmente por un excesivo consumo, un tamaño desproporcionado del sector bancario y un ritmo ininterrumpido de crecimiento durante la pasada década?
Respuesta: Sí.
P: ¿Es necesario que se produzca una devaluación interna?
R: Sí.
P: ¿Se podrá llevar a cabo esa devaluación y en unos términos adecuados?
R: Se llevará a cabo, pero tengo para mí que no se producirá en una cantidad suficiente.
P: ¿Tendrá un problema en el pago de su deuda soberana durante los próximos cinco años?
R: Es poco probable.
P: ¿Pueden los problemas de España provocar una espiral de problemas económicos en la Unión Europea o la eurozona?
R: No hay ninguna probabilidad de que eso ocurra.


1 de abril de 2011

Fundidos (32): Otra visión del Metropol Parasol

La reciente inauguración del Metropol Parasol de Sevilla ha vuelto a dirigir el foco a la arquitectura. Esta construcción, diseñada por el arquitecto alemán Jurgen Mayer, resultó controvertida desde su aprobación. Es más, nunca ha dejado de ser objeto del debate público durante los últimos siete años, se haya debido a los desvíos presupuestarios, a los sucesivos aplazamientos de la inauguración, a la cuestión estética o a la mera reflexión sobre el concepto de ciudad.

The Observer, dominical del diario The Guardian, publicó el pasado domingo un amplio análisis del Metropol Parasol. Rowan Moore, arquitecto y periodista, firma una crítica en la que valora los aciertos y los errores de la nueva construcción. La prensa sevillana ha publicado recientes y breves referencias al artículo del rotativo londinense. Seguidamente se adjunta la reseña completa traducida. El original puede leerse aquí.


The Observer
27 de marzo, 2011

Todo bajo el sol
Los trozos del nuevo y ostentoso escaparate de Sevilla fracasan en la conexión –a pesar del pegamento extra fuerte

Rowan Moore

¡Dios mío!, un icono. Qué de la década pasada. ¿No tomó nota Sevilla? Los edificios grandes y ostentosos ya no se llevan, ahora están de moda las camisas de lana. Los proyectos arquitectónicos son además cosas lentas, especialmente cuando se tiene una descomunal ambición y unas ideas estructurales imprevisibles. En 2004, cuando el Metropol Parasol se puso en marcha y España estaba mejor de dinero, pocos pensaron que lo que se avecinaba era una de las peores crisis financieras de la Unión Europea. Y el Metropol Parasol, igual que la grandiosa Ciudad de la Cultura de Galicia de Santiago de Compostela, constituye una obra tardía de la burbuja barroca.

Sin duda es deslumbrante. La semana pasada, mientras los operarios se afanaban en retirar los andamios a tiempo para la inauguración, los ciudadanos debatían boquiabiertos sobre la nube/seta/parasol/gofre de 30 metros de altura que ha aparecido en su antigua ciudad. Dos paseantes de una mediana edad bien cumplida expresaban los dos polos del debate. Uno defendía que la construcción está fuera de lugar, mientras que el otro decía que la ciudad debe moverse al ritmo de los tiempos.

El Metropol Parasol es realmente una herramienta para revitalizar la Plaza de la Encarnación, usado durante años como aparcamiento y visto como un punto muerto entre los destinos turísticos de la ciudad. El Parasol contiene un mercado, tiendas y un podio para celebrar conciertos y eventos. En el sótano están las ruinas romanas, con mosaicos y restos de paredes tales que puede hacerse una idea del tipo de casas que fueron. En la parte superior hay un restaurante, un mirador y un paseo curvo y ondulante –una especie de montaña rusa para peatones– desde donde se aprecian unas vistas ganadas tras elevar la silueta de la ciudad.

Estos usos podrían haber sido construidos de un modo considerablemente más sencillo. Pero, después de descubrirse los restos romanos durante las excavaciones para construir un aparcamiento subterráneo, se decidió finalmente un proceso distinto. Se celebró un concurso de ideas con unas instrucciones y presupuestos abiertos, seguido de un proceso concursal más concreto. El ganador fue Jurgen Mayer H, un arquitecto berlinés, ahora con 45 años, que ha colocado la inicial de su segundo nombre después del apellido por efectismo. Puede considerarse algo pretencioso, pero tampoco es de extrañar: Mayer es un individuo dinámico cuyo aire serio de cerebrito puede romperse con sonrisas ganadoras. Sus asombrosos diseños han logrado el visto bueno del MOMA, que posee varios de sus dibujos y diseños, y de Calvin Klein, para quien ha creado el escenario de un desfile de moda.

Mayer comenzó como artista, es de los que considera similares arte y arquitectura, y está interesado en la interrelación entre los cuerpos humanos y el espacio. Vinculado al mundo digital, ha elaborado papel decorativo hecho de las estructuras de seguridad impresas en el interior de los sobres postales. Sus edificios tienen complejas formas con elementos hechos posible gracias al diseño informático: no hay dos partes idénticas en la estructura del Parasol.

La idea primigenia del Parasol residía en crear sombra, una valiosa mercancía en un lugar tan caluroso como Sevilla, y lograr por tanto una plaza más habitable. Con objeto de no dañar los restos romanos, los pilares de la estructura sólo pudieron colocarse en ciertas ubicaciones de la plaza, requiriéndose de ese modo una ambiciosa estructura –diseñada con la ayuda de una consultora de ingenieros del Reino Unido– que uniera los huecos vacíos. A raíz de estas condiciones llegaron los pilares con forma de troncos, suficientemente grandes para contener en su interior ascensores y escaleras, y el sistema estructural de madera laminada y acero, sujetos con pegamento de alta gama, probadas para soportar las más altas temperaturas imaginables. Entre los alardes del proyecto está que es el edificio más grande del mundo sujeto con pegamento.

Mayer afirma que las formas del edificio están inspiradas en las bóvedas de la catedral –quería crear una “catedral sin muros”, “democrática” – y en los espléndidos árboles de la plaza. Podría haber señalado también la otra irrupción de expresivas y no reticente formas de arquitectura de la ciudad.

Y así que tenemos este -¡chhh!- este icono. Difiere de otros de su género en que no es una construcción cerrada, sino dable a ser utilizado a todas horas. Se encuentra en el centro de una ciudad, no en una periferia industrial forzada a regenerarse. Forma espacios debajo y alrededor, en conjunción con otros edificios, más que mostrarse distante y solo. Tiene vistas desde las calles de los lados y desde el interior, que les aporta intensidad a través de esa unicidad de la construcción.

Visto desde algunos ángulos, es una cosa magnífica, atrevida, inventiva, resuelta e admirablemente consistente. Es igualmente maravillosa por su contenido, por esa pila de pasado, presente y futuro, de ruinas, mercado, espacio para eventos y una terraza en el cielo. Pero tiene un problema y es que estas dos formas de magnificencia no conectan ni entre sí ni con el entorno.

El mercado de abastos, no diseñador por Mayer, ocupa un espacio corriente, parecido a un vestíbulo grande y aislado de la extravagante arquitectura. Los restos romanos están en un espacio diseñado por otro arquitecto, Felipe Palomino, que trata de lograr sutilmente sus efectos mediante luz y “sensación”, y no parece agradecida con el escandaloso material superior. Los objetos que deberían actuar como intermediarios entre la obra de Mayer y la vida dentro y alrededor –balaustradas, letreros de comercios, techos y pavimentos- son ordinarios y están raídos. Supuestamente curvas sinuosas, parecen chirriantes y desiguales; los materiales están enfrentados irreflexivamente y carece de calidad en el detalle.

A veces la plaza parece más un centro comercial abierto que una plaza. Esta sensación refleja probablemente el hecho de que el proyecto haya sido realizado por Sacyr Vallehermoso, que recaudará todos los ingresos posibles durante los 40 años de concesión, en una versión de la colaboración pública y privada tan querida entre los gobernantes británicos. A no ser que Sacyr sean inusualmente piadoso, es probable que su deseo de ingresos entrará en conflicto con el propósito público de la construcción. El acceso a los mejores mosaicos, por ejemplo, puede que no sea gratis, o barato o ilimitado.

El diseño de Mayer contribuye a la desconexión. Pone demasiada fe en el poder de la apariencia y la forma, con el resultado de que la apariencia de fluidez enmascara –de hecho, ayuda a enmascarar– una realidad inconexa. Las setas mágicas requieren atención y energía: la complejidad del edificio contribuyó a estos muchos años de construcción. Y en un momento dado precisó de una inyección de 30 millones de euros. Las zonas más cotidianas del edificio están en parte eclipsadas por el espectáculo y asfixiada por el esfuerzo de alcanzarlo. Lo que es una lástima, ya que el Parasol es, casi, una de las más elegantes construcciones de la reciente ola de iconos.

29 de marzo de 2011

Fundidos (31): Portugal tampoco es España

Pocos dudan en los medios internacionales de que, más temprano que tarde, Portugal necesitará el rescate económico de la Unión Europea y el FMI, al que ya acudieron anteriormente Grecia e Irlanda. Pero ni Grecia es España, ni Irlanda es España ni Portugal es España. Esa ha sido desde el principio de la crisis la cantinela de los expertos más optimistas con la situación económica española.

“Así que, por favor, no se engañen: no hay razones fundamentales para temer una crisis de la deuda española”. Así concluye Albert Marcel, profesor en la Universidad Pompeu Fabra, un artículo publicado en The Guardian. Este analista desgrana los capítulos económicos de los que se duda en los medios afines a los mercados.

“Los agoreros”, escribe Marcel, “han difundido una gran cantidad de desinformación”, refiriéndose a parámetros como déficit, deuda, exportaciones, crecimiento y coste del rescate, entre otros. Y más aún: Marcel reta a que se cotejen los análisis. “Cualquier comparación de los datos reales con la de otros países revelaría la verdadera escena de la situación”.

En materia de desempleo, el experto económico subraya la alta tasa española. Sin embargo, advierte de que otros países son “mejores escondiendo el verdadero número de parados”. El paro, junto a la deuda privada -ay, con las cajas de ahorro como grandes deudores- son los dos agujeros negros por donde se desintegra la pretendida recuperación económica.

Y son ésas las mismas materias que anota como obstáculos de la recuperación hispana el Irish Independient, otra cabecera que se ha subido al lomo del optimismo español. Así comienza el reportaje del periódico irlandés: “Mientras Portugal se prepara para seguir los pasos de Grecia e Irlanda, (…) España se la ha arreglado no solo para sobrevivir a la crisis sino para alejarse lentamente de ella”.

Comunicado este aparente optimismo económico en los medios europeos, sólo queda repetir esa cantinela que dura ya años y que comenzó así: España no es Grecia. Luego continuó con que España no era Irlanda, que está desembocando ahora en que España no es Portugal. Si bien los expertos sostienen con argumentos la ecuanimidad de los anteriores asertos, nadie es capaz de adivinar, a estas alturas, si España acabará por no ser España.

25 de marzo de 2011

Fundidos (30): Grecia, Irlanda... Portugal y ¿España?

Los medios de comunicación internacionales consideran inminente el rescate financiero de Portugal. La crisis de la deuda y sus fantasmas vuelven a azotar la zona euro. Con unos intereses por encima del 7%, afirman los expertos económicos, se hace insostenible la emisión de deuda soberana. Y la situación sobrevenida es que los bonos portugueses se han colocado en el mercado a una rentabilidad entre el 7.6% y el 8.2%. La creciente dificultad de financiación del país ha impulsado al gobierno a sucesivas reformas -al mandato de los mercados-. Eso fue hasta ayer. La negativa del parlamento luso a la nueva propuesta gubernamental de ajustes ha forzado a dimitir a su presidente, José Sócrates.

Grecia, Irlanda... Los especialistas y los no tantos apuntan a Portugal como el tercer país que necesitará del fondo de rescate de la Unión Europea y el FMI. Así lo llevan adelantando los apostadores desde hace meses, los mismos que verían inevitable la siguiente caída de España, el cuarto de los estados denominados PIGS (iniciales en inglés de Portugal, Irlanda, Grecia y España). Los últimos datos económicos, sin embargo, se empeñan en contradecir a los agoreros. El éxito de la reciente venta de deuda soberana española a 5 y 10 años, una muestra solamente, dan la razón a los analistas más optimistas, un género cada vez más abundante.

Optimista #1: Holger Schmieding, economista del banco alemán Berenberg. Schmieding, en una entrevista emitida en Bloomberg, explica el montante que precisaría Portugal en el caso de que existiera necesidad de rescate. A continuación aparece inevitable el caso español. Esta es la transcripción de un extracto de la entrevista radiofónica:

Schmieding: "(...) Portugal requeriría una cantidad de 25.000 millones de euros. Así, quedarían 200.000 millones a disposición de otros países, como podría ser el caso de España".

Entrevistador: De acuerdo.

Schmieding: Pero no creo que España vaya a necesitarlo.


Optimista #2: William White, presidente del Comité de Revisión Económica y de Desarrollo de la OCDE. White responde al periodista de Bloomberg acerca del efecto contagio si finalmente Portugal necesita el rescate financiero.

White: No creo que España se vea afectada del contagio. El caso español es muy diferente al portugués. Una de las cosas que más me asombran -prosigue el economista- es la creencia de muchos europeos de que ha existido una sola causa del problema y que hay una solución sencilla. Pero no. El problema de Grecia es muy diferente del de Portugal. Y éste muy distinto del de Irlanda o España.

16 de marzo de 2011

Fundidos (29): La Atlántida, Doñana y el mito

El mito de la Atlántida aún está vivo. Por eso quizá haya sido visto unas 50 veces en los últimos cien años. La Atlántida, ese edén que los exploradores buscan desde que Platón dejó escrita su historia, ha sido vista por última vez en Doñana. El filósofo griego la situó, “frente a las Columnas de Hércules”, la describió, “rica, próspera y avanzada”, y relató su destino, “acabó sumergida en el mar” a causa del castigo infligido por Poseidón, el dios del mar y de los terremotos en la cultura griega.

El poder destructivo de los dioses colisiona con el del hombre. La ciencia, esos trucos de mano más terrenales, se encarga de destruir y construir sucesivamente por obra de la imaginación y el aliento humanos. Pero antes de llegar a la marisma de Hinojos, la ubicación de la Atlántida ha dado ya la vuelta al mundo varias veces. En 2001, la revista New Scientist refería un estudio que la situaba en Cabo Espartel. The Times publicó un nuevo emplazamiento en 2004: entre Chipre y Siria. En 2009, el mismo periódico reseñaba a un investigador que, con la tecnología de Google, sostenía haber localizado la Atlántida en las Islas Canarias. El Daily Mail se refiere también en 2009 a un “grupo de arqueólogos marinos” que defienden el Caribe como depositario de la tierra mítica. Una muestra de la década anterior.

Algunos se preguntan por qué tuvo que existir alguna vez la Atlántida. Por qué no pudo ser una alegoría que usó Platón para representar el castigo de un pueblo a manos de los dioses. Y por qué nadie busca dónde está Utopía de Moro, el jardín de Milton, la Cueva de Montesinos de Cervantes o Liliput de Swift. El siguiente hecho convierte en retóricas las preguntas anteriores: en el siglo XX otra nómina de investigadores divisó por su cuenta supuestos restos de la Atlántida en Creta, Cuba, los Andes, México, Irlanda, Nigeria e incluso Tibet.

Ahora está Doñana. Los medios españoles de referencia han difundido con levedad la información suministrada por las agencias de noticias. El escepticismo natural que provoca este tipo de informaciones ha sido paliado por la notoriedad de los emisores del descubrimiento. De un lado, la cadena pública de la televisión británica, la prestigiosa BBC: en 2004, la cadena inglesa, se ha recordado en los teletipos, produjo y emitió un documental que consideraba la situación andaluza de la Atlántida. La fuente se halla en un artículo publicado en la revista Antiquity por Rainer Kuhne, físico de la Universidad de Wuppertal (Alemania). National Geographic es el otro emisor de prestigio: una producción realizada por el canal televisivo de la revista detalló el domingo en Estados Unidos las conclusiones del trabajo de un grupo de científicos que asegura haber descubierto más pruebas de lo mismo, que en Doñana se encuentran los restos de la Atlántida.

En su edición de ayer, The Daily Telegraph pregunta por el supuesto hallazgo a Juan Villarías-Robles, antropólogo del CSIC y miembro de un grupo que analiza la geomorfología del parque natural andaluz. “Están exagerando el trabajo que estamos haciendo”, un trabajo cuyos resultados están previstos ser publicados a finales del año corriente, informa el diario. Para el grupo de Villarías-Robles trabajó temporalmente Richard Freund, de la University of Hartford (EEUU) y portavoz de la plantilla exploradora de la Atlántida. “Después de dejarnos suministró cierta información a unos contactos que al parecer tenía en National Geographic”, declara el investigador español, que en el reportaje califica de “imaginativos” los resultados del documental.

¿Sensacionalismo en National Geographic? ¿Un simple ejercicio de oportunismo? El estremecimiento mundial causado por el tsunami japonés se relaciona sin sutilezas con el mito de la Atlántida, esa mítica civilización sumergida por la fuerza de un maremoto. Otro castigo divino para algunos, Poseidón mediante, que es en el fondo un asunto de la naturaleza, de la geología. Un asunto científico en definitiva. (O falsamente científico.) Así se entra en el terreno de la discusión: mito o historia. Ciencia o magia. Nathaniel Hawthorne, el escritor norteamericano que tanto sabía de terremotos y catástrofes (humanas), había detectado que en su siglo XIX "la ciencia no había escapado de las nubes de la brujería". Así lo citó en su número de otoño de 2009 la revista The New Atlantis. (Es decir, La Nueva Atlántida.) Y no hubo discusiones.