18 de febrero de 2012

Marque una cruz en la casilla de la subversión

En los manuales de historia del arte, Antoni Tàpies figurará como el pintor que enunció el expresionismo abstracto de un país en ruinas, la España de la inmediata posguerra. “El drama, el sufrimiento y todas las crueles fantasías de los de mi generación parecían estar escritas en las paredes de la ciudad”. El diario estadounidense The New York Times recogió en su edición del 8 de febrero las declaraciones del pintor barcelonés a un crítico de arte. “Mis trabajos tienen algo de los grafitis callejeros y de un universo de protesta reprimida, clandestina pero llena de vida, que se veía en las tapias de mi país”.

La catástrofe no deja de acompañar a quien tenga ojos para advertirla. Pasadas las penurias materiales del primer franquismo, Tàpies siguió observando el horror en las paredes, en las ventanas y en las puertas de las ciudades. Y las marcó a todas con cruces, con ocasionales letras y cifras que, multiplicadas, daban como resultado la suciedad de la calle. Cuerdas, trapos, polvo, cartón o cadenas. Y un trazo grueso a menudo salpicado. El arte de Tàpies se asemejaba al paisaje de de la urbe. Basura, dirían algunos. ‘El espíritu de la materia’ fue el título que escogió
Le Monde en el obituario dedicado al artista catalán el pasado 9 de febrero.

Aprobada hace dos viernes, la reforma laboral se somete hoy al juicio de la calle. El decreto ley despierta sensaciones contrapuestas entre los observadores de la cosa pública: ‘basura’ de los unos frente al ‘espíritu de la materia’ de los otros. Como en la obra de Tápies, la ciudad emitirá hoy un veredicto del estado de la catástrofe social. Quienes se oponen a la medida creen que únicamente traerá más paro en una asíntota al infinito. Quienes la defienden admiten que 2012 será aún más ruinoso. Dada la situación de la crisis, sostienen los defensores, es necesaria la agresividad de las cuerdas, los trapos, el polvo, el cartón y las cadenas. Es la expresión más vanguardista del Boletín Oficial del Estado, el grafiti de la legislación.

La muerte de Tápies ha venido a coincidir con el centenario del nacimiento de Jackson Pollock, referente de aquel seminal expresionismo abstracto. Al contrario que el catalán, el artista estadounidense ejerció el exhibicionismo. Mientras Tàpies perseguía tener algo que transmitir –“si no puedo cambiar el mundo, al menos me gustaría cambiar la forma en la que el mundo lo mira”–, el americano tuvo querencia por una guisa de ‘agitprop’ megalómano.

Cuentan las crónicas que durante una fiesta en la casa de los Guggenheim, Pollock, en la cúspide de su celebridad, apareció borracho y desnudo como el tanino. Tras sortear a varios invitados, miembros todos de la ‘intelligentsia’ neoyorquina, se acercó a la chimenea y meó sobre el fuego hasta apagarlo. A algo parecido llaman hoy los sindicatos en la calle. El pulso de la movilización, sin huelgas generales, consiste en medir quién mea más lejos. El sindicalismo prevé un horizonte de injusticia, precariedad y subvención escasa. “Marque una cruz en la casilla de la subversión”.

* Publicado en 10Segundos, dominical de El Faro de Ceuta

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